USS ROOSEVELT, 03 de Agosto de 1986.-

El Greyhound mantenía los dos turbohélices en ralentí mientras esperaba que sus pasajeros embarcaran. Uno de los hombres de blanco de cubierta ya hacía gestos para que agilizáramos la maniobra.
—¿Estamos todos? —le pregunto al CF Tucán.
—Faltan Pepper, Astro y Curioso —me contesta buscando con la mirada.
El yanqui ya se pone impaciente y vuelve a indicarme que entremos. En ese mismo momento, desde el interior de la isla, asoman la cabeza los tres pilotos demorados. Sonríen como adolescentes. Tucán señala el interior del avión de transporte y entramos a paso ligero.
Me acomodo en mi asiento y no puedo dejar de sentirme de buen ánimo. Es verdad que esperábamos quedarnos hasta el final de las operaciones contra Siria, pero teniendo en cuenta cómo se habían dado las cosas y que ahora nos íbamos a casa, teníamos motivos para alegrarnos. Volver al hogar nunca viene mal.
Desde atrás me llama la atención la risa de mis compañeros. Me doy vuelta y observo que los últimos pilotos nombrados van sacando cosas de sus mochilas. Todos lo festejan.
—¿Qué trajeron? —pregunto.
Son galletitas, café instantáneo, donas y otras cosas ricas que "rescataron" de la cámara de oficiales.
—Ahora en Washington sí tienen motivos para decir que les salimos caros —remata el GU Sargo mientras manotea unas Oreos.
Luego de un par de minutos, los motores aceleran con su ruido característico y sentimos que nos vamos moviendo.
Castor estira el brazo y me pasa otra de sus carpetas de inteligencia.
—Mirá esto.
Es el reporte final de nuestra participación en Siria. Voy hojeando y me detengo en los puntos más importantes. El líder del Hezbollah que ayudamos a capturar sigue detenido y brindando información importante. Bien. Y con respecto a la ciudad de Damasco, los puntos atacados en la última misión ayudaron a apaciguar los ánimos de sus acciones contra Israel. Genial.
Llego a la última carilla y ahí veo algo que me resulta interesante: Basim Darwish, un teniente piloto de MiG-21, fue el responsable de las cuatro bajas que tuvimos en la última misión (Ver: PAZ EN MEDIO ORIENTE V - ATAQUE AÉREO A INSTALACIONES CLAVE EN DAMASCO) . Uno más y llegaba a convertirse en as. Cierro la carpeta y recuerdo a Anatoli Mendeleev. Este Darwish y el ruso harían buenas migas juntos. Ojalá no nos los encontremos en el futuro.
El copiloto del Greyhound asoma el rostro y grita algo que no alcanzo a escuchar. Todos apoyan la cabeza contra el asiento y entiendo. Como una patada de burro, el USS Roosevelt nos lanza al aire rumbo a nuestra próxima aventura.

Basim Darwish, Teniente de la Fuerza Aérea Siria. Cuatro victorias aéreas.-

El Greyhound mantenía los dos turbohélices en ralentí mientras esperaba que sus pasajeros embarcaran. Uno de los hombres de blanco de cubierta ya hacía gestos para que agilizáramos la maniobra.
—¿Estamos todos? —le pregunto al CF Tucán.
—Faltan Pepper, Astro y Curioso —me contesta buscando con la mirada.
El yanqui ya se pone impaciente y vuelve a indicarme que entremos. En ese mismo momento, desde el interior de la isla, asoman la cabeza los tres pilotos demorados. Sonríen como adolescentes. Tucán señala el interior del avión de transporte y entramos a paso ligero.
Me acomodo en mi asiento y no puedo dejar de sentirme de buen ánimo. Es verdad que esperábamos quedarnos hasta el final de las operaciones contra Siria, pero teniendo en cuenta cómo se habían dado las cosas y que ahora nos íbamos a casa, teníamos motivos para alegrarnos. Volver al hogar nunca viene mal.
Desde atrás me llama la atención la risa de mis compañeros. Me doy vuelta y observo que los últimos pilotos nombrados van sacando cosas de sus mochilas. Todos lo festejan.
—¿Qué trajeron? —pregunto.
Son galletitas, café instantáneo, donas y otras cosas ricas que "rescataron" de la cámara de oficiales.
—Ahora en Washington sí tienen motivos para decir que les salimos caros —remata el GU Sargo mientras manotea unas Oreos.
Luego de un par de minutos, los motores aceleran con su ruido característico y sentimos que nos vamos moviendo.
Castor estira el brazo y me pasa otra de sus carpetas de inteligencia.
—Mirá esto.
Es el reporte final de nuestra participación en Siria. Voy hojeando y me detengo en los puntos más importantes. El líder del Hezbollah que ayudamos a capturar sigue detenido y brindando información importante. Bien. Y con respecto a la ciudad de Damasco, los puntos atacados en la última misión ayudaron a apaciguar los ánimos de sus acciones contra Israel. Genial.
Llego a la última carilla y ahí veo algo que me resulta interesante: Basim Darwish, un teniente piloto de MiG-21, fue el responsable de las cuatro bajas que tuvimos en la última misión (Ver: PAZ EN MEDIO ORIENTE V - ATAQUE AÉREO A INSTALACIONES CLAVE EN DAMASCO) . Uno más y llegaba a convertirse en as. Cierro la carpeta y recuerdo a Anatoli Mendeleev. Este Darwish y el ruso harían buenas migas juntos. Ojalá no nos los encontremos en el futuro.
El copiloto del Greyhound asoma el rostro y grita algo que no alcanzo a escuchar. Todos apoyan la cabeza contra el asiento y entiendo. Como una patada de burro, el USS Roosevelt nos lanza al aire rumbo a nuestra próxima aventura.

Basim Darwish, Teniente de la Fuerza Aérea Siria. Cuatro victorias aéreas.-














