Prestar atención.
Por el momento la situación parece haberse calmado con la neutralización de las pistas enemigas. Sin embargo, hemos visto que algunos cazas siguieron despegando luego del último ataque. Parte de nosotros encontrará la pista operativa y el resto mantendrá una CAP sobre la flota.
Al trabajo!
(https://i.postimg.cc/QNB6Tjd4/USS-ROOSEVELT.jpg)
El USS Roosevelt navegando frente a las costas de RANUA.-
Todo me da vueltas. No entiendo nada.
Alarmas, voces entrecortadas por la estática del sistema de altavoces. Gente corriendo, botas golpeando las planchas del hangar, puertas que se abren y cierran de golpe. Una cacofonía de caos bajo luces rojas parpadeantes. Y yo... apenas logro sentarme en mi litera, con la boca seca como papel de lija y un zumbido constante detrás de los ojos. El mareo me golpea como una ola fría en la cara.
Lo último que recuerdo con claridad es esa punzada molesta en la encía, justo detrás del segundo molar inferior. Una inflamación sorda, latente, como un martillo diminuto golpeando desde adentro. Mientras me quejaba, Pepper, siempre cargando su pequeña farmacia personal y una petaca, me lanzó un frasco de comprimidos blancos:
—Metronidazol —dijo sin detenerse—. Tres al día, y no mezcles con alcohol o se te va a pudrir el alma.
Creo que eso fue lo que dijo. Pero ya estaba en el ascensor, rumbo a la cubierta superior, donde el aire huele a sal, combustible y promesas rotas.
Cené algo liviano: arroz recalentado con algo que se suponía pescado. Y después... un trago. Tal vez dos. Un gesto casi ritual, para engañar al miedo y recordarnos que seguimos siendo humanos.
Ahora estoy aquí, despertando de golpe al infierno.
Me patean la litera.
—¡Despierta, carajo! —grita el jefe de operaciones, un tipo que nunca baja la voz.
Parpadeo. El techo da vueltas. Trato de ponerme de pie, pero el cuerpo no responde. La gravedad parece desigual.
—¿Qué está pasando? —murmuro.
—¡Ataque aéreo enemigo en camino! Cinco cazas de la escuadra ya están en el aire. ¿¡¡¡Dónde carajo estabas, Castor!!!? —grita— ¿En coma?
Miro el reloj. Apenas pasaron cuatro horas desde que me acosté.
—No estaba en coma... —susurro, pero ya no me escuchan.
Me lanzo del catre, tropiezo con las botas, me calzo el traje de vuelo a medias mientras avanzo por el pasillo. Alguien me lanza el casco; lo atrapo de milagro. Un técnico me empuja la bolsa de vuelo.
—¡No vas con la escuadra! Cambio de plan. Te necesitan en solitario. Blanco estratégico. Interdicción profunda —grita alguien desde atrás.
Solitario. ¿Una misión de ataque en el corazón enemigo, sin escolta?
—¿Están jodiendo?
—No hay tiempo. Todos los demás están ocupados conteniendo el ataque. O vas vos, o vas vos...
Entro al hangar como en una coreografía desordenada. Mi caza ya espera, rugiendo contenida bajo la luz artificial. Técnicos me aseguran el arnés, chequean combustible, y subo a la cabina.
Todo se vuelve estrecho. El mundo queda afuera. Las luces del tablero danzan con un zumbido familiar. Respiro hondo y cierro la cúpula. El casco aprieta. La radio crepita, pero todo se reduce al zumbido de fondo de mis pensamientos.
—Siete Uno, autorizado para rodaje. Buen vuelo. Y buena suerte.
Rodamos hacia la catapulta. El operador hace señas. Trago saliva. Todo vibra.
Y entonces, sin ceremonias ni redención posible, el caza es lanzado al vacío, mi cuerpo pegado al asiento, mi alma colgando del próximo suspiro.
Vuelo 1Aeronave: A-4 Skyhawk #71
Combustible:
Armamento:
- 2 x MK84 snakeye
- 2 x AIM-9P5
- 1 x fuel tank x 300
La travesía prometía ser intensa: unas 350 millas ida y vuelta, cargado con un tanque central, dos MK-84 y dos Sidewinders "por si acaso". Mi plan inicial era mantenerme a 15,000 pies, economizando combustible mientras me acercaba al corazón del territorio enemigo.
Pero la primera señal de radar no tardó en recordarme dónde estaba: descendí a no más de 300 pies hasta cruzar el cordón montañoso. Desde ahí, lo más bajo posible, buscando cada cañadón y cada recoveco que me permita ocultar hasta la base de Nalchik. La pista, orientada 06-24, estaba cargada en mi inercial como WP1.
Mientras mis compañeros se enfrentaban a intrusos y escoltas, yo avanzaba solitario. El tanquero estaba a la vista, pero no lo necesitaba: al 92% de potencia todavía tenía combustible remanente. La soledad del vuelo me pegaba al asiento, y cada centímetro de montaña era un refugio temporal contra ojos y radares invisibles.
A unas 40 millas del objetivo, la actividad radioeléctrica se intensificó. Los primeros atisbos de alerta se dispararon en mi receptor. Descendí aún más, internándome en los cañadones, buscando cubrir cada curva, cada colina, como si las montañas pudieran protegerme del mundo entero.
A 20 millas, Overlord me alerta: una patrulla enemiga sobre Nalchik se dirige hacia mí. El corazón me golpea mientras me pego al suelo, tratando de desaparecer entre lomas y sombras. El Sidewinder grita por salir del ala, pero dispararlo sería suicidio: alertaría a todos. Respiro, pienso que no me han visto, y funciona: paso desapercibido.
La base está ahora a la vista. Ascender, apuntar, soltar las bombas. Preciso, limpio... de manual. Ambas impactan en el centro de la pista. No hay tiempo para celebraciones: la AAA despierta y las trazadoras silban peligrosamente cerca. Salgo a toda potencia, buscando el refugio de las montañas.
Pero no hay descanso: los dos MiG-29 aparecen en el horizonte. Huyendo al ras del suelo, los sigo viendo. Me acerco, hasta el punto que a uno lo tengo en la mira; pero no obtengo tono y para peor, no veo a su wingman. Contra un MiG-29, atacar aquí sería perder todo. La prudencia gana: no disparo.
Sigo a toda velocidad, dejando atrás la base, las baterías y los cazas enemigos. Pido informes a Overlord, confirmando la posición del MiG: por ahora, no me ve. La tensión no se disuelve; cada segundo es un cálculo de vida o muerte.
Finalmente, los pies vuelven a tierra aliada, y desde ahí, tras un rato se convierten en humedos, otro rato más y a la vista de la flota... engancho sin novedad. El corazón aún late acelerado, pero la primera parte de la misión ha sido cumplida.
- Avion: ok, enganchado
- Piloto: ok
- ANK: Pista de Nalchik dañada.
Vuelo 2Aeronave: A-4 Skyhawk #71
Combustible:
Armamento:
- 2 x MK84 snakeye
- 2 x AIM-9P5
- 1 x fuel tank x 300
Mismo blanco, misma carga, mismo rumbo, mismos parámetros, misma soledad. En una guerra real, repetir es una locura, pero las órdenes son claras: Nalchik debe ser neutralizada otra vez. No hay discusión. Despego en solitario, dejando atrás la cubierta de la flota mientras el rugido del motor me recuerda que estoy a kilómetros de casa, y a cientos de enemigos potenciales.
El aire esta vez se siente diferente: una tranquilidad inquietante flota sobre mí, como si el espacio estuviera conteniendo la respiración. Quito los nubarrones de mi mente; la misión es lo único que importa. Yo avanzo solo, cargado otras dos MK-84.
Sin actividad aérea enemiga a la vista, no necesito volar bajo. Mantengo altura para minimizar riesgos de la AAA, aunque cada centímetro de espacio aéreo sobre Nalchik es una apuesta mortal. La pista, todavía marcada en mi inercial, se va dibujando mientras me acerco. Desde lejos distingo la plataforma con varios cazas enemigos estacionados; mis ojos reconocen los MiG, y un pensamiento rápido recorre mi mente: "Hoy son mi objetivo."
Entro en picado, aerofrenos extendidos, hipnotizado en centrar la mira. La altura cae rápido: 160, 150, 130, 110, 100... hasta 9,000 pies, momento exacto para soltar las bombas. Rompo por la derecha y el mundo estalla bajo mí. Humo, fuego, explosiones. Los cazas enemigos desaparecen en un abrir y cerrar de ojos, hangares y vehículos son reducidos a escombros. La AAA despierta con furia; las trazadoras silban a mi alrededor, recordándome que esto no es un paseo.
Mientras me alejo zigzagueando, intentando llegar rápidamente a la cobertura de las montañas, Overlord comunica con urgencia: dos cazas despegan de la base. La pista estaba dañada, ¿cómo? Las cuadrillas de reparación se movieron con precisión increíble y velocidad letal. Pocos minutos después, otros dos cazas entran en el aire, y ahora?
Pido ayuda y unos F-4E aliados responden, prometiendo interceptar cualquier amenaza que intente seguirme. El alivio es momentáneo, pero real. Mi respiración se normaliza un poco mientras calculo la ruta de regreso, consciente de que cualquier error puede ser el último.
El vuelo de regreso es tenso, pero controlado. La tensión se mezcla con el cansancio y la adrenalina: el radar enemigo aún está activo, la flota espera y la radio crepita con instrucciones, vectores y advertencias. Cada colina, cada valle, cada sombra se convierte en protección temporal mientras avanzo hacia la seguridad de la tierra aliada.
Finalmente, la silueta de la flota aparece en el horizonte, un faro en medio del caos. Engancho sin novedad, respiro hondo y dejo que la tensión comience a disiparse lentamente.
Hoy, sin lugar a dudas, la misión ha sido cumplida. Nalchik ha recibido otro recordatorio de que el GAE no perdona.
Pero el mundo no se detiene, la guerra sigue, y yo sigo pensando en otro comprimido de Metronidazol.
- Avion: ok, enganchado
- Piloto: ok
- ANK: 4 cazas en plataforma evaporados (Nalchik).
1ra. SALIDA
F/A-18C
4 AIM-120B AMRAAM
2 SIDEWINDER AIM-9M
3 TANQUES
Partimos desde el portaaviones con Tito como líder de vuelo, procedimos de acuerdo a lo instruido en el briefing y ascendimos ángeles 30, yo buscaba en mi radar algún contacto pero todos los que me aparecían en el radar estaban muy lejos pero de improviso mi avión fue destruido por un misil lanzado por un Mig-31 supongo que un misil IR porque nunca tuve una alerta de lanzamiento en mi RWR.
PILOTO: KIA
AERONAVE: DESTRUIDA
2da. SALIDA
F/A-18C
6 AIM-120B AMRAAM
2 SIDEWINDER AIM-9M
3 TANQUES
Partimos desde el portaaviones Tito y yo y tomamos rumbo 045 siguiendo las instrucciones del AWACS para interceptar un bandido, por algún motivo que desconozco mi avión no reconocía los misiles que tenía cargados, los podía ver pero en la computadora del avión aparecían con "0" tanto los AMRAAM como los Sidewinder, en vista de ello tomé la decisión de acercarme al bandido para que se distrajera conmigo y Tito pudiera derribarlo, pero al momento de soltar los tanques de combustible y los misiles que estaban ahí pero la computadora del avión no reconocía, se activaron los Sidewinder, una vez tuve el tono de disparo lo hice pero sin fortuna, los misiles pasaron de largo, hecho esto tuve un dogfight con el bandido pero este me derribó con un Archer.
En resumen, un desastre.
PILOTO: KIA
AERONAVE: DESTRUIDA